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Publicado: 2014-08-04

Cochayuyo: un superh茅roe inesperado contra el cambio clim谩tico

Los impopulares huiros est谩n siendo utilizados en el desarrollo biocombustibles que reducir铆an la emisi贸n de gases contaminantes y las graves consecuencias del efecto invernadero en nuestro planeta. Nota de Universidad de Los Lagos.

¡Guácala… cochayuyo! La clásica queja que confirmaba el escaso prestigio culinario de esta poderosa alga parda estaría cambiando su suerte gracias a las creativas lupas con la que los investigadores científicos y artistas gourmet cruzan miradas y enfocan su alto valor en distintos campos disciplinares. 

Hoy son muchas las algas que no sólo se instalan en la cocina, internacional y local, como suculentas hamburguesas de garantizado valor proteico, buñuelos de huiro y aparentes gyosas -sólo China exporta 41.000 mil toneladas para el explosivo mercado de la comida asiática-; sino que en los laboratorios de la Universidad de Los Lagos, se aprovecha la gran diversidad de plantas acuáticas que habitan los  4.500 kilómetros costeros de Chile para investigar su aporte a un ciclo combinado de recursos energéticos. Además, los bancos marinos de Chiloé, despliegan contextos para investigar su uso bioremedial en la recuperación de zonas costeras afectadas en procesos de degradación ambiental generados por las actividades pesqueras.

Con huiros como el cochayuyo -kollofe en lengua originaria, Durvillaea Antártica, Lessonia y Macrocystis en lenguaje científico- se han implementado objetivos y políticas para desarrollar industrias de biocombustibles y otros sistemas que aprovechan su eficacia en la mitigación de gases invernadero. En los países en desarrollo, incluyendo a los de América Latina y el Caribe (ALC), se han obligado a tomar en cuenta estas indagaciones: desde su aporte a soluciones para una demanda energética siempre mayor, hasta sus posibles mejoras en el resultado de la balanza de pagos ambientales y perfeccionamientos de programas sociales, especialmente considerando su potencial para el progreso rural.

Una importante contribución en esta línea de estudio ha desarrollado Alejandro Buschmann, (Ph.D); investigador  del Centro I-Mar, Miembro de Número de la Academia Chilena de Ciencias y Presidente de la International Seaweed Association, que prepara el 22vo International Seaweed Symposium para 2016 en Dinamarca. 

A la luz del quinto informe sobre Cambio Climático (IPCC, junio 2013) que tutela las Naciones Unidas para observar el cambio climático, la vulnerabilidad de recursos para la vida humana y la adaptación a los nuevos contextos, ¿cuál es el rol que se espera cumplan los huiros en el equilibrio de la biósfera marina; y a la vez, cómo son afectadas éstas con los cambios en el comportamiento marino? 

“Las algas, como todo organismo fotosintético, son un sumidero de anhídrido carbónico o CO2 y por ello su cultivo apunta a la reducción de las emisiones de gases causadas por la actividad humana. Hoy existe un grupo internacional de expertos, liderado por un científico coreano, que apunta a visualizar los efectos positivos del cultivo de las algas y su valor en la disminución de las consecuencias del cambio climático que afectan el comportamiento del mar. Todavía hay mucho que establecer en este campo, pero es claro que este tema ambiental se transformó en una preocupación real para nuestra sociedad porque está comprometiendo nuestra capacidad de producción de alimentos y productos esenciales para la vida. No en el próximo siglo sino solo en un par de décadas más”.

Siendo el archipiélago un ecosistema especialmente vulnerable a los cambios en marinos, ¿cómo incorporan las autoridades el aporte de estas investigaciones?

“En Chile estamos al debe con el desarrollo científico. No es un tema que pre-ocupa a la sociedad. Por ejemplo, el manejo y la inversión en investigación hoy día alcanza, con suerte, el 0,5 % del PIB nacional. Todo país que ha desarrollado sus mercados para salir de la pobreza, ha invertido más allá del 1 o 1,2% del PIB en Ciencia y Tecnología. Pero no se trata sólo de dinero, necesitamos implementar nuevos sistemas de organización, modernos, flexibles que permitan abordar rápidamente las problemáticas que enfrenta el país. El número de investigadores en la región de los Lagos es bajo. Cierto que hay investigadores reconocidos internacionalmente por sus aportes, pero tenemos que apoyar estas actividades entregándoles una función pertinente al contexto regional.  Sólo así podremos valorizar nuestros productos y obtener una mejor ganancia, sin dejar de proteger el uso sustentable de los recursos naturales y su medio ambiente para que sobrevivan las próximas generaciones. Una región que basa su economía en los recursos naturales y sobreexplota la capacidad productiva de sus ecosistemas, no puede sacar estos temas de su agenda pública. En esto tenemos todavía un largo camino que andar”.

Original en Universidad de Los Lagos.

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